Acabo de ver que han dejado un comentario sobre la entrada que escribí sobre el documental. Por si no lo habéis leído, os lo transcribo:

Sacan a una niña que, además de superdotada, es bastante repelente. A otro diciendo que, en vez de estar haciendo una carrera en cualquier prestigiosa universidad del mundo está tratando de terminar segundo de bachiller. Ha habido parte del reportaje que no ha estado mal, pero no me gusta que se centre tanto en ese carácter de victimismo y marginalidad social.
y según tu parecer, ¿cual es la realidad en España?…¿ y cùal es el papel qué juega el documental.
Marta, lo explica:-conozco a superdotados que si son felices en España,pero son una minoría-.
Me alegro que formes parte de esa minorìa, pero no me ha hecho gracia tus reproches y tu prepotencia frente a las familias y personas que han colaborado de manera altruista en el documental.
Gracias”

Estoy seguro de que la gente que ha colaborado en el documental lo ha hecho con la mejor de las intenciones, pero no soy el primero ni el último que no quiere que piensen que todos aquellos que tenemos un CI elevado nos veamos abocados al desastre. Y menos bajo la convicción de que “la sociedad es la culpable”, como aquella canción de Siniestro Total.

Considero que el documental tuvo sus momentos buenos, eso está claro. Pero, y siendo imparcial, también me doy cuenta de que más allá de esa sensación de no encajar se visualiza una conducta de absoluto abandono o incluso rechazo de la vida social.

Un niño (niña en este caso), por muy superdotado que sea, primero ha de ser niño. Y para una formación correcta como persona, más que tocar la guitarra, pintar acuarelas o componer versos alejandrinos, ha de tener una educación social con la que poder relacionarse con el mundo. Y en caso de no progresar adecuadamente en su conocimiento del ser humano y en la socialización con los demás, esta persona será intelectualmente superdotada pero socialmente inadaptada y por debajo de la media. Esto implica que, lo pronto o tarde que dicha persona obtenga una titulación, el superdotado no estará capacitado para desarrollar trabajos que impliquen una relación con otras personas. Podrán ser los mejores investigadores, y normalmente es a lo que se suele delimitar toda visión del superdotado. Trabajos en la que la relación interpersonal es reducida al mínimo.

Nadie suele imaginarse a un superdotado publicista, por ejemplo. Y estoy seguro que los habrá, sin duda. Pero para saber vender, primero hay que conocer los gustos, comportamientos y reacciones de los potenciales clientes. Pero, si no se ha tenido contacto ni se desea relacionarse con la mayoría de la población, ¿cómo vas a conocerlos?. De ahí que solamente se vea a gente de este perfil trabajando en el Jeffersonian o siendo un jovencito doctor sin tiempo más allá de su trabajo. A la vista de cualquier persona son gente rara, que desconoce cosas básicas de la vida, detalles o gustos adquiridos en la niñez o adolescencia.

Volviendo al documental de La 2, la niña en cuestión decía que no podía estar con los niños de su edad porque no era igual que ellos, no se entendía con ellos y viceversa. Y bien, se le puede pasar de curso para que asista a clases de niños mayores (o algunos incluso con adolescentes en la universidad), pero… ¿cuándo van a tener las experiencias que les forjen su carácter como personas?. En un par de meses le volverá a pasar lo mismo con niños un año mayores, y volveremos a la situación inicial.

Me tachan de prepotente, y nada más lejos de mi intención. Quizás el mayor peligro y generador de prepotencia sea el proclamar a los cuatro vientos y en todo momento lo “especial” que es. La persona superdotada debe ser, ante todo, persona.

Aquellos que quieren exprimir al máximo a aquellos que tenemos un CI elevado deberían saber antes de todo que si por algo caracteriza a este 1 ó 2% de la población es lo poco que nos gusta trabajar bajo presión. Así que uno de los grandes peligros de querer apretar más y más las tuercas es la posibilidad de generar un pánico al fracaso o a no estar a la altura de las expectativas. Cuando tu familia deja su casa, sus trabajos y se va a otro sitio para que te matricules en otro centro… ¿qué vas a pensar?, pues que más te vale ser perfecto para no defraudar a los que lo han dejado todo por ti. Te sientes responsable de toda una familia a pesar de tu corta edad, de la misma forma que puede sentirse un joven futbolista que va a la meca del fútbol acompañado de toda su familia, la cual dependerá desde ese momento directamente de él. Presión… responsabilidad… más presión… obligación de cumplir las expectativas… y aún más presión. Y, por muy maduro que se sea, no hay niño que pueda echarse a la espalda el devenir de toda su familia.

Por otra parte, y quizás no lo desarrollé adecuadamente en el primer comentario sobre el documental, este potencial creativo e innovador se puede acabar convirtiendo una rémora para nuestro desarrollo profesional y laboral. Tenemos la capacidad de poder ver oportunidades en las dificultades. Por otra parte, no solemos ser del agrado de los jefes porque no solemos cortarnos un pelo a la hora de poner en duda sus decisiones, lo cual suele ocurrir con mucha frecuencia. Nuestro afán de perfeccionismo, de hacer las cosas como deben hacerse se oponen frontalmente con lo que desean en las altas instancias: tenerlo “para ya” y como sea con tal de poder cobrar al cliente por ello. El hecho de necesitar ser estimulados nos hace huir como de la peste de todos aquellos trabajos que nos conviertan en un mero engranaje que hace la misma función repetitivamente. El concepto de “churrero” no va con nosotros, las cosas no las hacemos como los churros, girando sin parar la manivela. Y si hay algo que nos enerva aún más es el tener que rendir cuentas a “n” personas que se embolsan un dineral por haberse enganchado como garrapatas a una estructura jerárquica fosilizada.

Pero bueno, volviendo al tema de los niños superdotados… si algo hay que considerar es que lo mejor para el mismo no es querer que abarque el mayor número de actividades posibles, hay que tratar también que emplee el tiempo en relacionarse con los demás. También hacerle ver que equivocarse es humano (incluso ellos se pueden equivocar), que hay ciertas rutinas necesarias en la sociedad y que su potencial no les obliga a un enclaustramiento al más puro estilo monacal, sino que tienen tanto derecho como los demás a disfrutar de todos los aspectos de la vida.

Por último, decir nuevamente que no es mi intención faltar a nadie y menos personalmente a aquellos que han colaborado en el documental. Pero tampoco me gusta que se nos considere como unos marginados e inadaptados. Diría más, el tener un CI superior al 98% de la población es una característica más que me ha permitido conocer a gente muy diversa, de la misma forma que he conocido gente de lo más interesante en el conservatorio de música, en la universidad, en un partido de fútbol, en un disco-bar, en el trabajo… lo importante es no coartar ni limitar las posibilidades de formación tanto intelectual como personal.

No me gustaría que mis opiniones ni aquellas críticas que reciba sean tomadas como verdades universales, sino como reacciones ante esta característica de algunas personas y el documental que ha tratado dicho tema. Espero que cada uno saque sus propias conclusiones, tenga un CI de 90 ó 180. Para ello os pongo el vídeo subido a Youtube en varias partes.

(un buen rato después de haber publicado la entrada…)

Por cierto, al comentario de Carlos (quien quizás sea carlosvazquez en la plataforma Plades)… me parece muy bien que no te agraden los reproches que hago referentes al documental y que me tildes de prepotente (en absoluto me considero como tal, simplemente he comentado que no me parece de recibo decir que todos los superdotados hemos pasado por un verdadero infierno de incomprensión y acoso escolar). Pero que luego en vuestro foro lo catalogues de “estupidez”… Te transcribo de forma literal un comentario tuyo en dicho foro:

Es obvio que la sobredotaciòn no es un problema en si misma; muy al contrario es una gran ventaja en la mayor parte de los ámbitos. El problema está en la adaptación al medio ya que siempre estaremos un paso por delante y esto conlleva en la mayor parte de los casos,una valoración pobre del mismo, lo que acarrea apatía y aburrimiento y a su vez el que los demás perciban esa falta de atención como una falta de respeto. Sólo se trata de un caso más de los muchos que se pueden dar, como podría ser la envidia;el mayor mal de todos a mi entender.También puedes llegar a resultar un pedante a ojos de los demás…”

Me parece que con este comentario me quitaré la etiqueta de “prepotente” que me has colgado y te la devolveré, puesto que parece que debías llevarla anteriormente puesta. Un discurso al más puro estilo Magneto de cómic de X-Men (porque sí, de pequeño leía comics… lo que hizo interesarme, por ejemplo, en la mitología nórdica sin que nadie me obligara a hacerlo). Y el problema está en la INadaptación al medio, porque el considerarse un paso por delante de la sociedad y la infravaloración de la misma, el pensar que uno es el centro de las envidias de los demás… permíteme que te haga unas preguntas:

- ¿Careces de empatía con los demás miembros de la sociedad?
-¿Se te escapan las implicaciones ocultas en lo que una persona dice de forma directa y verbal?
- Te pongo un ejemplo:
una maestra pregunta a un niño que ha olvidado su trabajo escolar “¿Qué pasa, tu perro se comió tus deberes?”, el niño permanece silencioso tratando de decidir si debe explicar a su maestra que él no tiene perro y que además los perros no comen papel. Esto es, el niño no comprende el sentido figurado de la pregunta o no puede inferir lo que la maestra quiere decir a partir de su tono de voz, postura o expresión facial. Ante tanta perplejidad, el niño podría responder con una frase totalmente sin relación a lo que se está hablando (como por ejemplo, “¿Sabe que mi padre se ha comprado una computadora nueva?”). Ante esto, desgraciadamente la maestra podría concluir que el niño es arrogante, insubordinado o “raro”.
- Otro ejemplo: Resultaba complicado que Javier utilizase su excelente lenguaje para compartir con su familia las cosas que le ocurrían en el colegio o las cosas que le preocupaban. Parecía no sentir la necesidad de compartir experiencias o sentimientos con la gente que le rodeaba.

Estos síntomas, con los cuales algunos se sentirán identificados como de sobredotados son los que definen a aquellos con Síndrome de Asperger. Supongo que compañeros de otros foros te lo habrán comentado porque sí que han tratado sobre ese tema sobre el TDA con o sin hiperactividad (o eso espero, no es nada divertido centrarse únicamente en la estupidez de los demás y en lo atrasada que está la sociedad para nuestras capacidades). Nota: espero se aprecie el matiz irónico de mis palabras, por si hay alguien con dicho síndrome y no le es posible la lectura entre líneas de ironía. O incluso alguien conoce casos con síndrome de Savant, con todo ello quiero hacer ver que la condición de superdotado no hace que sea inherente al mismo una insociabilidad.

Resumiendo nuevamente, espero que tus ofensas hacia la sociedad en general no las consideres nimias a la vez que taches de estupidez todo aquello que no coincida al cien por cien con tus planteamientos. He comprobado que en dicho foro hay gente más proactiva y receptiva, espero que estas personas te sirvan como ejemplo para poder analizar los temas desde diferentes perspectivas, no solamente desde la que consideras única y verdadera.

Y, aunque suene más que repetitivo, estoy de acuerdo en fomentar el potencial de los niños superdotados si de esta manera se satisface su sed de conocimiento sin llegar a ahogarles, para lo cual es necesaria una atención constante. Con lo que no estoy de acuerdo es con limitar el trabajo con los superdotados a llenarles el “disco duro” como si fueran un WD Velociraptor (no caeré en lo del 486 y lo del Pentium3 del documental). Y, aparte del “software” oficial con el que aprovechar los datos almacenados, existe mucho freeware relativo a redes sociales y a interactividad con los demás que igualmente le serán de utilidad en el día a día.