Quisiera remitirme a una sensación que solemos tener cada vez que nos quedamos viendo durante unos minutos seguidos cualquier concurso de televisión (puede que con la única excepción de “Saber y ganar”, aunque en ocasiones también): la vergüenza ajena.

Imaginaos que el lunes no podéis ir a trabajar o estudiar porque estáis enfermos. Os quedáis en la cama y se os ocurre la desafortunada idea de encender el televisor. Si lo hacéis muy pronto quizás os encontréis con algún concurso que se grabó hace ya uno par de años (o al menos lo parece), pero que lo vuelven a poner para rellenar esa hora de las seis de la mañana en la que nadie en su sano juicio vería la tv.

Quizás penséis que eso es lo peor que os puede ocurrir, aunque resulta aún peor cuando aparece el enésimo concurso telefónico con preguntas para deficientes mentales y que, casualmente, todo aquel que sale en antena dice una estupidez y falla. No me quiero ni imaginar los chalets que se habrán comprado algunos con los ingenuos que se hartan de llamar a los 905. Y debe haber mucho idiota suelto, porque estos concursos abundan por doquier.

A mediodía te encuentras con “La ruleta de la suerte” (o de la fortuna, o de lo que sea). Cómo me intriga saber el sistema que utilizan en los castings. En cada programa siempre hay al menos uno de los tres concursantes que es más simple que un arado. Aparte de su genuino paletismo lo suele adornar con una gilipollez supina. No pido que digan “la d de dicotomía” o “la s de sintaxis” pero no será el primero ni el último que diga “la p de Luis, mi padre”, “la n de Silvia, mi nuera” y así hasta recorrer su desgraciadamente extenso árbol genealógico. Y, al final, el concurso no es que sea un chollo porque la probabilidad de ganar un coche es ínfima y el dinero que suele salir en la ruleta es insignificante. A pesar de todo, parece que tiene su audiencia porque lleva sus años en antena.

Cambiamos a la primera (ah, no, que ahora es “la 1″) y nos encontramos con “El negociador”. No es la película con Kevin Spacey y Samuel L. Jackson, sino un concurso al más puro estilo estúpido de “Allá tú” pero un poco disimulado. Las preguntas que hacen para quedarse con los sobres las sabrían hasta los niños de “Sé más que un niño de primaria” incluso sin que les funcionaran los “pinganillos” que llevan en el oído. Y, al final, o ganan cuatro duros, o lo pierden todo.

Quisiera comentar también un concurso que presenta Sobera en ETB y que la mayoría sólo lo conocerá por los programas de zapping: “Date el bote”. La mecánica del concurso es lo de menos, lo interesante es ver el ridículo que hacen los concursantes (un grupo de chicos y otro de chicas) y lo que se ríe Sobera de ellos. Os aviso, el Sobera que sale en Antena3 es bastante comedido, en la ETB se sale. Hasta en ocasiones dudo de si no se ha metido algo antes de grabar el programa. El que no sea de aquí y pueda verlo por alguna plataforma digital que lo haga y luego me comente.

Después de comer se puede ver en la 2 “Saber y ganar”. Es de los pocos concursos que puedo ver de principio a fin, a no ser que haya un/a concursante que sea insoportable (hubo una tal María que estuvo 99 programas y era de lo más pedante; he de reconocer que me alegré cuando perdió en el último programa). Pero quien también es algo insoportable es su presentador, Jordi Hurtado. Cuando dice “ay, qué pena, esa no es la respuesta”, realmente le está diciendo “pero mira que eres gilipollas, hay que ser tonto para no saberlo”. Hasta me han dado ganas de ir a participar, aunque no creo que en mi trabajo me dieran permiso para ausentarme para grabar cien programas.

“Alta tensión”: lo emiten en Cuatro por las tardes. Lo presenta aquel efímero presentador del “Un, dos, tres”, aunque ahora le permiten ir más “fashion” con ropa de su armario. Lo de los paneles suele ser la tónica general de los concursos de tv: alguno sabe del tema y algún otro no sabe ni por dónde le sopla el viento. Lo peor suele venir al final, cuando el finalista juega por un coche. Normalmente hacen todo lo que no deberían hacer y acaban acertando menos de las que tenían en un principio.

Si no cambias de canal te aparece inmediatamente “Money, money”. Sinopsis del concurso: salen unos tíos y unas tías mostrando pierna y canalillo mientras bailan. Hay un concursante que no pinta nada y entre pregunta y pregunta sale alguna bailarina poniendo poses. La concursante se pone a bailar muy a su pesar y al final… no lo sé porque nunca he aguantado a verlo entero.

Antes de cenar hay “Pasapalabra” en Telecinco. El presentadorcillo va de erudito cuando dice joyas como “fijaros” y al final del programa dice “hablar bien, por favor”. En esta ocasión los concursantes no suelen ser los ridiculizados, sino los famosillos invitados al programa. Ahí se demuestra se puede llegar a ganar un pastón en cine, teatro o televisión siendo un ignorante. Y siempre me quedará la sensación de que cuando han ganado el bote final ha estado todo amañado.

Y si aún estás despierto puedes esperar a las dos de la mañana para volver a ver esos concursos telefónicos. Y esto sólo en un lunes. Si tienes estómago podrás “disfrutar” el resto de la semana con otras “joyas”.
“¿Sabes más que un niño de primaria?”. Pues si me lo chivaran todo al oído como les hacen a ellos, seguro que sí. Ya me repugnaban esos niños pedorros que aparecen como “sabiondillos”, pero es que no son ni eso. No sé hace cuántos programas estuvo Ana Obregón como concursante y hubiera deseado que se abriera ahí mismo un socavón gigante de los que aparecen en la ruta del AVE a Barcelona y se los tragara a todos hasta el magma sin billete de vuelta.

Y quedarían otros como “Mira quién baila”, que debería haber desaparecido hace tiempo pero aún siguen poniendo el respirador artificial al enfermo. Es un concurso en coma inducido.

Si alguno se acuerda de alguno más puede comentarlo, que para eso están los comentarios
Ay, con lo que me gustaba “Cifras y letras”… y la ETB parece ser la única que no lo emite.

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